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domingo
lunes
miércoles
David O`McKay
El amor es tan eterno como el espíritu del hombre, y tal como la existencia de éste continúa después de la muerte, así también el amor.
Si las cosas terrenales son representativas de las celestiales, en el mundo de los espíritus reconoceremos, a nuestros seres queridos y los amaremos como los amamos aquí. Yo amo a mi esposa más que a cualquier otra persona; amo a mis hijos. Puedo tener comprensión y amor hacia todos los demás, como asimismo, deseos de ayudar a todo el género humano, pero quiero a aquélla con quien me he sentado a cuidar a un ser querido enfermo y aun a acompañar a otro en sus últimos momentos. Estas experiencias unen los corazones, al paso que es glorioso atesorar la idea de que la muerte no puede separar a los que así están unidos.
Cada uno de vosotros, los maridos, reconoceréis a vuestra esposa en el otro mundo y la querréis allí tal como la queréis aquí, y ambos os levantaréis a una nueva y sempiterna vida en la resurrección. ¿Por qué habría la muerte de separaros siendo que el amor continúa después de ella?
No debe ser así, no es necesario que lo sea. . . En la Casa del Señor, donde aquellos que son debidamente autorizados para representar a nuestro Señor y Salvador Jesucristo efectúan la ceremonia del matrimonio, realizan la unión entre marido y mujer y entre padres e hijos por el tiempo de esta vida y por toda la eternidad.
Este es uno de los sagrados propósitos de los templos.
Presidente David O. McKay (Extracto de sus palabras, pronunciadas en la dedicación del Templo de Suiza)
sábado
Boyd K. Packer
En los templos, los miembros de la Iglesia que se hacen merecedores de entrar en ellos, pueden participar en las ordenanzas redentoras más exaltadas que se han revelado al género humano. Allí, en una ceremonia sagrada, la persona puede ser lavada y ungida, recibir instrucción, ser investida y sellada. Y cuando nosotros mismos hayamos recibido esas bendiciones, podremos oficiar por aquellos que hayan muerto sin haber tenido esa oportunidad. En los templos se efectúan ordenanzas sagradas tanto para los vivos como por los muertos.
La lectura detenida y a conciencia de las Escrituras revela el hecho de que el Señor no comunicó todas las cosas a todas las personas, sino que se establecieron ciertos requisitos que eran necesarios para recibir información sagrada. Las ceremonias que se efectúan en el templo se encuentran en esta categoría.
No hablamos de las ordenanzas del templo fuera de esos edificios. Nunca se dispuso que el conocimiento de estas ceremonias se limitara a un pequeño número de personas selectas que estarían obligadas a asegurarse de que nadie más se enterara de ellas; en realidad, es todo lo contrario, ya que exhortamos vigorosamente a toda persona a prepararse y hacerse merecedora de la experiencia del templo. A los que han ido a la Casa del Señor se les ha enseñado un ideal: Algún día toda alma viviente y toda alma que haya vivido tendrá la oportunidad de oír el Evangelio y de aceptar o rechazar lo que el templo ofrece. Si se rehúsa esta oportunidad, el rechazo debe provenir de la persona misma.
Las ordenanzas y las ceremonias del templo son sencillas; son hermosas y son sagradas. Se conservan confidenciales, no sea que se den a conocer a quienes no estén preparados para ellas. La curiosidad no es una preparación, como tampoco lo es un profundo interés. La preparación para dichas ordenanzas supone ciertos pasos preliminares: fe, arrepentimiento, bautismo, confirmación y méritos; la madurez y dignidad que se espera de aquel que va como invitado a la Casa del Señor.
martes
Gordon B. Hinckley
Los templos son lugares donde las preguntas que nos hacemos acerca de la vida reciben las respuestas de la eternidad¿Ha existido acaso algún hombre o mujer que, en momentos de serena introspección, no haya reflexionado sobre los imponentes misterios de la vida?
Que no se haya preguntado: “¿De dónde vine? ¿Por qué estoy aquí? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué nexos me unen a mi Hacedor? ¿Me despojará la muerte de las preciadas relaciones que he hecho en esta vida? ¿Qué pasará con mi familia? ¿Habrá otra existencia después de ésta y, si es así, ¿nos conoceremos allí los unos a los otros?”.
Las respuestas a esas preguntas no se encuentran en la sabiduría humana; se hallan sólo en la palabra revelada de Dios. Los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son recintos sagrados donde se da respuesta a éstos y a otros interrogantes sobre la eternidad. Cada edificio es dedicado para ser una Casa del Señor, un lugar de santidad y de paz apartado del mundo. En ellos se enseñan verdades y se llevan a cabo ordenanzas que dan conocimiento sobre lo eterno y motivan a los participantes a vivir con un entendimiento de la herencia divina que tenemos como hijos de Dios, así como con el conocimiento de nuestro potencial como seres eternos.
lunes
Thomas S. Monson
En el templo podemos sentirnos cerca del SeñorNo creo que haya lugar en el mundo en el que me sienta más cerca del Señor que en uno de Sus santos templos.
Parafraseando un poema:
¿Cuán lejos queda el cielo?
Cerca se encuentra.
En los templos de Dios,
queda justo en donde estamos.
El Señor dijo:
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; “sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” Mateo 6:19–21.
Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días, el templo es el lugar más sagrado sobre la tierra. Es la Casa del Señor y, tal como la inscripción que se encuentra en el exterior lo declara, el templo es “Santidad al Señor”.
El templo trae paz a nuestras almas
Al tocar el templo y tener amor por él, nuestras vidas reflejarán nuestra fe. Al ir a la santa Casa, al recordar los convenios que allí hacemos, podremos soportar toda prueba y vencer cada tentación. El templo le brinda propósito a nuestras vidas; trae paz a nuestras almas, no la paz que ofrecen los hombres, sino la paz que prometió el Hijo de Dios cuando dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”.
Existe gran fe entre los Santos de los Últimos Días. El Señor nos da oportunidades para ver si cumpliremos Sus mandamientos, si seguiremos el sendero que siguió Jesús de Nazaret, si amaremos al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Yo creo en el proverbio que dice: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.
Así ha sido y así será siempre. Si cumplimos con nuestro deber y confiamos plenamente en el Señor, llenaremos Sus templos, no sólo al llevar a cabo nuestras ordenanzas personales, sino al tener además el privilegio de efectuar la obra por otras personas. Nos pondremos de rodillas en altares sagrados como representantes en sellamientos que unirán por toda la eternidad a esposos y esposas con sus hijos. Los jóvenes dignos, tanto hombres como mujeres, a partir de los doce años de edad pueden actuar como representantes de aquellos que han muerto sin las bendiciones del bautismo. Esto es lo que el Padre Celestial desea de ustedes y de mí.
(Por el presidente Thomas S. Monson)
sábado
Howard W. Hunter
Seamos gente que asiste al templo. Asistan al templo tan frecuentemente como se los permitan las circunstancias personales. Mantengan una foto del templo en su hogar que sus hijos puedan ver. Enséñenles acerca de los propósitos de la Casa del Señor. Hagan que ellos planifiquen desde la edad más temprana que puedan ir allí y permanecer dignos de esa bendición”.(Howard W. Hunter “Superar las grandiosas y preciosas promesas,” Ensign, Noviembre de 1994)
jueves
Gordon B Hinckley
Gran parte de la obra que se realiza en los TEMPLOS está relacionada con la FAMILIA. Para llegar a un entendimiento del significado de estas cosas es fundamental reconocer el hecho de que, asi como hemos existido como HIJOS de DIOS antes de nacer en este mundo, del mismo modo seguiremos viviendo despues de la muerte, y las valiosas y satisfactorias relaciones que hemos tenido en la mortalidad, lo mas hermoso y significativo que se encuentre en la familia, puede continuar en el mundo venidero.
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