"Uno de los ejemplos más lamentables de mala interpretación y de conocimiento equivocado, de lo que de otra manera sería un concepto glorioso, es el error común de creer que hubo dos planes de salvación; que el Padre (supuestamente sin saber qué hacer) solicitó a los demás que propusieran un plan; que Jesucristo expuso el suyo, el cual incluía el libre albedrío del hombre, y Lucifer, uno que lo anulaba; que el Padre eligió entre los dos; y que al ver rechazado su plan, Lucifer se rebeló y como consecuencia se desató una guerra en los cielos."Aun un conocimiento superficial de todo el plan asegura a las personas que son perspicaces en lo espiritual que todo se centra en el Padre; que El ideó el plan para la salvación de sus hijos, incluyendo a Jesucristo; que ni Jesucristo ni Lucifer podrían por sí mismos salvar a nadie. Como Jesús dijo: 'No puede el Hijo hacer nada por sí mismo ...No puedo yo hacer nada por mí mismo'(Juan 5:19,30).
"Por supuesto, a veces en cierto sentido nos referimos a los cambios que Lucifer propuso hacer en el plan del Padre como al plan de Lucifer, y de la misma manera que Cristo adoptó el plan del Padre como suyo. Pero lo que básicamente importa al respecto es saber que el poder de salvación es del Padre, y que El originó, ordenó, creó y estableció su propio plan; que lo anunció a sus hijos; y que luego pidió un voluntario para ser el Redentor, el Rescatador, el Mesías, quien pondría en ejecución eterna el plan sempiterno del Padre."
(Bruce R.McConkie, The Mortal Messiah)


Desde el instante en que nacemos en esta vida terrenal, hasta el momento en que contraemos matrimonio en el templo, todo lo que tenemos dentro del sistema del Evangelio tiene como fin prepararnos y capacitarnos para entrar en ese sagrado orden del matrimonio que nos convierte en marido y mujer en esta vida y en el mundo venidero. “Entonces, desde el momento en que somos sellados por el poder y la autoridad del santo sacerdocio… todo lo que se relaciona con la religión revelada tiene como objeto ayudarnos a guardar los requisitos y las condiciones de nuestro convenio matrimonial, a fin de que éste tenga eficacia, virtud y fuerza en la vida venidera. “Por consiguiente, el matrimonio celestial es la ordenanza suprema del Evangelio... y es por eso que la unidad familiar es la organización más importante en esta vida y en la eternidad. “Por tanto, debemos tener más interés y preocupación por nuestra familia que por cualquier otra cosa en la vida... “No hay nada tan importante en este mundo como la creación y la perfección de las unidades familiares” (“La salvación es un asunto de familia”, Liahona, noviembre de 1970).





