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David O`McKay
El amor es tan eterno como el espíritu del hombre, y tal como la existencia de éste continúa después de la muerte, así también el amor.
Si las cosas terrenales son representativas de las celestiales, en el mundo de los espíritus reconoceremos, a nuestros seres queridos y los amaremos como los amamos aquí. Yo amo a mi esposa más que a cualquier otra persona; amo a mis hijos. Puedo tener comprensión y amor hacia todos los demás, como asimismo, deseos de ayudar a todo el género humano, pero quiero a aquélla con quien me he sentado a cuidar a un ser querido enfermo y aun a acompañar a otro en sus últimos momentos. Estas experiencias unen los corazones, al paso que es glorioso atesorar la idea de que la muerte no puede separar a los que así están unidos.
Cada uno de vosotros, los maridos, reconoceréis a vuestra esposa en el otro mundo y la querréis allí tal como la queréis aquí, y ambos os levantaréis a una nueva y sempiterna vida en la resurrección. ¿Por qué habría la muerte de separaros siendo que el amor continúa después de ella?
No debe ser así, no es necesario que lo sea. . . En la Casa del Señor, donde aquellos que son debidamente autorizados para representar a nuestro Señor y Salvador Jesucristo efectúan la ceremonia del matrimonio, realizan la unión entre marido y mujer y entre padres e hijos por el tiempo de esta vida y por toda la eternidad.
Este es uno de los sagrados propósitos de los templos.
Presidente David O. McKay (Extracto de sus palabras, pronunciadas en la dedicación del Templo de Suiza)
lunes
David O. McKay
“La impureza sexual del mundo contemporáneo es el resultado de la pérdida de la verdadera virilidad por causa del desenfreno. Los pensamientos impúdicos han llevado a palabras impúdicas, y las palabras impúdicas, a acciones impúdicas. Las enseñanzas de la Iglesia colocan al adulterio y a la falta de castidad sexual como el crimen cuya gravedad está justo por debajo del asesinato. Si los miembros de la Iglesia permanecen fieles a su creencia en la castidad y desarrollan la verdadera virilidad mediante la práctica del dominio propio en ése y otros aspectos, serán cual faros de luz que resplandecerán en un mundo oscurecido por el pecado”(“Christ, the Light of Humanity”, Improvement Era, junio de 1968, pág. 5).
miércoles
David O. McKay
"Enseñad a vuestros hijos a dominar su apetito. Enseñadles, no duramente, sino con bondad, con el Espíritu del Señor, y encontraréis que en la niñez estas pequeñas lecciones de abstinencia y obediencia diarias inconscientemente están colocando poder en el espíritu de los niños para que puedan lograr para sí todas las grandes y maravillosas bendiciones que están reservadas para los miembros fieles de la Iglesia"(David O. McKay "On Fasting", Improvement Era, marzo de 1963)
viernes
David O. McKay
"Sinceramente exhortamos a los padres a reunir a sus familias alrededor de ellos e instruirlas en verdad y rectitud, con amor familiar y lealtad. El hogar es la base de una vida recta, y ninguna otra organización puede reemplazarlo ni satisfacer sus funciones esenciales. Los problemas de esta época difícil no pueden resolverse mejor, en ningún otro lugar, ni por ningún otro medio, que no sea por el amor la rectitud, por el precepto y el ejemplo y la devoción al deber en el hogar"("For the Perfecting of the Saints", Improvement Era, enero de 1968,)
miércoles
David O`McKay
"La mayor manifestación de la espiritualidad es la reverencia. Por cierto que la reverencia es espiritualidad; es un respeto profundo combinado con amor. Es 'una emoción compleja compuesta por sentimientos combinados del alma'. El escritor inglés Thomas Carlyle la define como 'el más elevado de todos los sentimientos humanos'. Si la reverencia es el sentimiento más elevado, la irreverencia es el estado más bajo en el que pueda vivir una persona en el mundo"
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