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lunes

Gordon B. Hinckley

“Ustedes, jóvenes solteras, y algunas de las que están casadas, las que están en el mundo del trabajo, permítanme hacerles una advertencia. Ustedes trabajan junto a los hombres; cada vez más, hay invitaciones para salir a almorzar, aparentemente para hablar sobre negocios; viajan juntos; se hospedan en el mismo hotel; trabajan juntos.
“Quizás ustedes no puedan evitarlo, pero sí pueden evitar meterse en situaciones comprometedoras. Hagan su trabajo, pero mantengan su distancia. No sean ustedes la causa del quebrantamiento del hogar de otra mujer. Ustedes son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; ustedes saben lo que se espera de ustedes. Manténganse alejadas de aquello que sea una tentación. Eviten la maldad, incluso aquello que tenga apariencia de maldad”
(Gordon B. Hinckley, Liahona Enero de 1999, pág. 117).

Ezra Taft Benson

“Controlen sus pensamientos. Nadie pasa a ser inmoral de un día para el otro. La semilla de la inmoralidad se siembra siempre primero en la mente. Cuando pensamos en cosas indecentes, estamos dando el primer paso hacia ella. Les advierto a ustedes especialmente acerca de lo maligna que es la pornografía…
El Salvador nos enseñó que aun cuando un hombre mira a una mujer para codiciarla o, en otras palabras, cuando no controla sus pensamientos, ya está cometiendo adulterio con ella en su corazón…
“…Si están casados, eviten toda clase de coqueteo…
“…Si están casados, eviten estar a solas con miembros del sexo opuesto siempre que sea posible. Muchas de las tragedias sexuales comienzan cuando un hombre y una mujer están solos en una oficina, o en la capilla, o conduciendo un automóvil. Es muy posible que al principio no haya intento alguno o ni siquiera la idea de cometer un pecado, pero las circunstancias proporcionan un campo fértil para que germine la semilla de la tentación… Es mucho más fácil evitar este tipo de circunstancias desde el principio a fin de que la tentación no encuentre lugar donde florecer” (Ezra Taft Benson Liahona, octubre de 1988, pág. 39).

David O. McKay

“La impureza sexual del mundo contemporáneo es el resultado de la pérdida de la verdadera virilidad por causa del desenfreno. Los pensamientos impúdicos han llevado a palabras impúdicas, y las palabras impúdicas, a acciones impúdicas. Las enseñanzas de la Iglesia colocan al adulterio y a la falta de castidad sexual como el crimen cuya gravedad está justo por debajo del asesinato. Si los miembros de la Iglesia permanecen fieles a su creencia en la castidad y desarrollan la verdadera virilidad mediante la práctica del dominio propio en ése y otros aspectos, serán cual faros de luz que resplandecerán en un mundo oscurecido por el pecado”
(“Christ, the Light of Humanity”, Improvement Era, junio de 1968, pág. 5).

Richard G. Scott

“El adulterio, la fornicación, los actos homosexuales y otras desviaciones igualmente graves no son una alternativa aceptable, sino serios pecados. El maltrato físico y el abuso sexual son pecados gravísimos. Para perdonarlos, se requiere un arrepentimiento muy profundo. El presidente Kimball enseñó lo siguiente:
‘Para todo perdón hay una condición. La venda debe ser tan extensa como la herida. El ayuno, las oraciones, la humildad deben ser iguales o mayores que el pecado…’ (El Milagro del Perdón, pág. 361). ‘Es inconcebible que Dios pueda absolver los pecados graves con sólo unas cuantas súplicas. Lo más probable es que espere hasta que haya un arrepentimiento prolongado y continuo…’ (The Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 85]” (Liahona, julio de 1995, pág. 87).

Thomas S. Monson

“Debido al carácter tan sagrado de la intimidad sexual, el Señor requiere el autocontrol y la pureza antes del matrimonio, al igual que plena fidelidad después de casados… Las lágrimas inevitablemente siguen a la transgresión. Hombres, no hagan llorar a las mujeres, porque Dios lleva la cuenta de las lágrimas que ellas derraman”
(Thomas S. Monson Liahona, Enero de 1991, pág. 53).

Howard W. Hunter

“Sean fieles a sus convenios matrimoniales en pensamiento, palabra y hecho. La pornografía, el flirteo y las malsanas fantasías corroen la integridad personal y asestan un feroz golpe a los cimientos de un matrimonio feliz. De ese modo se destruyen la unidad y la confianza de un matrimonio. El que no domine sus pensamientos y cometa así adulterio en su corazón, si no se arrepiente, no tendrá el Espíritu, sino que negará la fe y temerá (D. y C. 42:23; 63:16)”
(Howard W. Hunter Liahona, Enero de 1995, pág. 57).