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miércoles

David O`McKay


El amor es tan eterno como el espíritu del hombre, y tal como la existencia de éste continúa después de la muerte, así también el amor.
Si las cosas terrenales son representativas de las celestiales, en el mundo de los espíritus reconoceremos, a nuestros seres queridos y los amaremos como los amamos aquí. Yo amo a mi esposa más que a cualquier otra persona; amo a mis hijos. Puedo tener comprensión y amor hacia todos los demás, como asimismo, deseos de ayudar a todo el género humano, pero quiero a aquélla con quien me he sentado a cuidar a un ser querido enfermo y aun a acompañar a otro en sus últimos momentos. Estas experiencias unen los corazones, al paso que es glorioso atesorar la idea de que la muerte no puede separar a los que así están unidos.
Cada uno de vosotros, los maridos, reconoceréis a vuestra esposa en el otro mundo y la querréis allí tal como la queréis aquí, y ambos os levantaréis a una nueva y sempiterna vida en la resurrección. ¿Por qué habría la muerte de separaros siendo que el amor continúa después de ella?
No debe ser así, no es necesario que lo sea. . . En la Casa del Señor, donde aquellos que son debidamente autorizados para representar a nuestro Señor y Salvador Jesucristo efectúan la ceremonia del matrimonio, realizan la unión entre marido y mujer y entre padres e hijos por el tiempo de esta vida y por toda la eternidad.
Este es uno de los sagrados propósitos de los templos.
Presidente David O. McKay  (Extracto de sus palabras, pronunciadas en la dedicación del Templo de Suiza)

viernes

Spencer W. Kimball

“Hay personas casadas que dejan vagar sus ojos y su corazón, que piensan que no es impropio coquetear un poco, compartir su corazón y desear a otra persona que no sea el cónyuge, [pero] el Señor dice de una manera contundente: ‘Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra’ [D. y C. 42:22; cursiva añadida].
“Y cuando el Señor dice todo tu corazón, no da la opción de compartir ni dividir ni privar. Y para la mujer se parafrasea: ‘Amarás a tu esposo con todo tu corazón, y te allegarás a él y a ningún otro’. Las palabras ningún otro eliminan todo y a todos. El cónyuge se convierte entonces en un ser primordial en la vida del esposo o la esposa, y ni la vida social ni la vida laboral ni la vida política ni ningún otro interés o persona o cosa tendrá jamás precedencia sobre el cónyuge”
(Conference Report, octubre de 1962).

sábado

Richard G. Scott

Observaréis que el antídoto para el egoísmo es el amor, especialmente el amor del Señor. El amor puede suprimir los efectos destructores del egoísmo. El amor engendra fe en el plan de felicidad de Cristo, provee el valor para comenzar el proceso del arrepentimiento, fortalece la determinación de ser obediente a sus enseñanzas, y abre la puerta del servicio dando entrada a los sentimientos de autoestima y de ser amado y necesitado.
Con el tiempo, con la ayuda de un obispo comprensivo y amoroso, completaréis el proceso del arrepentimiento. Entonces tendréis la paz y la seguridad, e incluso, el testimonio del espíritu, de que el Señor os ha perdonado. Para algunos, el alivio es instantáneo. Sin embargo, hay otros que no pueden perdonarse a sí mismos sus transgresiones pasadas, aun sabiendo que el Señor les ha perdonado. Por alguna razón se sienten compelidos a condenarse continuamente y a sufrir con el constante recuerdo de los detalles de errores pasados.
Si entre los que me estáis escuchando hubiere alguno en tal situación, ruego con toda mi alma que el Señor toque vuestro corazón y os haga meditar en Su declaración:
"He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y, yo, el Señor, no los recuerdo más.
"Por esto podréis saber si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará."
¿No os dais cuenta de que el continuar sufriendo por pecados pasados, cuando se ha llevado a cabo el debido arrepentimiento y el perdón del Señor, no es algo del Salvador sino del maestro del engaño, cuya meta ha sido siempre enredar y esclavizar a los hijos de nuestro Padre Celestial?. Satanás os alentará a continuar reviviendo los detalles de errores pasados, sabiendo que tales pensamientos hacen que el progreso, el desarrollo y el servicio sean difíciles de alcanzar. Es como si Satanás atara cuerdas a la mente y el cuerpo a fin de manipularnos como a títeres, impidiendo de esta manera el progreso personal.
Os testifico que Jesucristo pagó el precio y satisfizo las demandas de la justicia por todos los que son obedientes a sus enseñanzas.
(Richard G. Scott Conferencia General 156)

viernes

Thomas S. Monson

“La Madre Teresa, una monja católica que trabajó entre los pobres de India la mayor parte de su vida, dijo una profunda verdad: ‘Si juzgan a las personas, no tendrán tiempo de amarlas’. El Salvador nos ha amonestado: ‘Éste es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado’. Yo pregunto ¿Podemos amarnos los unos a los otros si nos juzgamos unos a otros?. Y respondo, junto a la Madre Teresa: No; no podemos”.
(Thomas S.Monson, “La caridad nunca deja de ser”, Liahona,Noviembre de 2010).