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lunes

Boyd K. Packer

"Somos en verdad los hijos de Dios. Esa doctrina no se encuentra escondida en un versículo ambiguo, sino que se enseña repetidamente en las Escrituras.
He aquí algunos ejemplos claros de la Biblia:
" 'Vosotros sois . . . todos . . . hijos del Altísimo' (Sal. 82:6).
"Y, somos, 'pues, linaje de Dios'.(Hch. 17:29.)
"Las verdades doctrinales están relacionadas entre sí, como el viejo dicho que expresa que si uno toma un extremo de una vara, toma el otro también. Si concluimos que somos sus hijos, debemos también aceptar que Dios es nuestro Padre."
(Boyd K. Packer, "El modelo de nuestro progenitor", Liahona, enero de 1985.)

Boyd K. Packer

"Probablemente el desafío más grande para la gente de cualquier edad, particularmente para los jóvenes, y la cosa más difícil que vosotros enfrentaréis en la vida, es aprender a controlar los pensamientos. . . Quien puede controlar sus pensamientos se ha conquistado a sí mismo. . .
"Si podéis controlar vuestros pensamientos, podéis vencer hábitos, aun hábitos personales degradantes. Si podéis aprender a dominarlos, tendréis una vida feliz.
"Esto es lo que yo quisiera enseñaros. Escoged entre la música sagrada de la Iglesia uno de vuestros himnos favoritos, cuya letra ayude a elevaros y cuya música sea reverente, uno que os haga sentir inclinados a la inspiración. . . Aprendedla de memoria. . .
"Ahora, usad este himno como el lugar al cual puedan ir vuestros pensamientos. Haced que sea vuestro canal de emergencia. Cada vez que os deis cuenta de que estos actores sombríos se han infiltrado en vuestro pensamiento y quieren ocupar el escenario de vuestra mente, asios mentalmente a este himno como a un salvavidas.
"Al comenzar la música y las palabras a formarse en vuestros pensamientos, los conceptos indignos comenzarán a retirarse avergonzados. En esa forma cambiará todo el escenario de vuestra mente. En vista de que la música sirve para elevar y es limpia, los pensamientos bajos desaparecerán. Pues ya que la virtud, por elección, no se asociará con la indignidad, el mal no podrá tolerar la presencia de la luz. . .
"Una vez que hayáis aprendido a quitar los malos pensamientos del escenario de vuestra mente, mantenedla ocupada aprendiendo cosas de valor. Cambiad vuestro medio ambiente de forma que tengáis a vuestro alrededor cosas que inspiren pensamientos buenos y elevados.
Manteneos ocupados con cosas justas."
(Boyd K. Packer, "Música inspiradora: Pensamientos dignos", conferencias generales, 1973-76,)

Dallin H. Oaks

'Creo que Satanás está tan ocupado entre los [Santos de los Últimos Días], alejándolos de sus vecinos, como lo está entre los enemigos de la Iglesia para que se vuelvan contra ella'.
Al hacer el convenio de que siempre recordaremos a nuestro Salvador, no debemos olvidar este mandato de Jehová a Israel:
Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo....
"Debemos recordar siempre que Jesús nos mandó amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. El ilustró esa gran enseñanza con el ejemplo del Buen Samaritano, que atravesó las barreras sociales de su época para llevar a cabo actos de bondad y misericordia. Después de contarla, el Maestro dijo: 'Vé, y haz tú lo mismo"
("Recordad siempre al Señor", Liahona, Jul. de 1988).

Spencer W. Kimball

"Pienso que no habría apóstatas y que nadie cometería infracciones a las leyes si las personas recordaran, y recordaran de verdad, los convenios que han hecho en las aguas del bautismo, al tomar la Santa Cena y en el templo. Creo que ésa es la razón por la cual el Señor pidió a Adán que ofreciera sacrificios: por ningún otro motivo sino el de que éste y su posteridad se acordaran siempre de las enseñanzas fundamentales que se les habían impartido. Considero que los seres humanos somos propensos a olvidar. Es fácil olvidar. Nuestros pesares, nuestras alegrías, nuestras preocupaciones, nuestros grandes problemas se van desvaneciendo hasta cierto punto con el paso del tiempo; y muchas de las lecciones que aprendemos en la vida se nos olvidan"
(Teachings of Spencer W. Kimball, editado por Edward L. Kimball, Salt Lake City: Bookcraft, 1982, págs. 112-113).